jueves 9 de abril de 2009
Sociedad y discursos
¿Dueños del lenguaje?
Lo que decimos no es nuestro. Cuando hablamos, damos voz a los conceptos, ideas, supuestos, de nuestra comunidad. El lenguaje parece convertirse en un fantasma de otro lenguaje que atraviesa nuestras vidas y que nunca se queda con nosotros, siempre es un fluir en desarrollo, dirigido hacia otro lugar en el que no estaremos.
Nuestra concepción de un habla individual y propia se contradice cuando vemos que en términos de creatividad individual (Voloshinov) en el habla alcanzamos raramente lo que se formó en nuestra educación social en tanto productores de sentido y conciencia.
No podemos sustraernos al hábito comunicador de la especie, pero tampoco podemos expresar nuestra interioridad con un objeto lingüístico que ha sido trasferido desde la historia y sus ideas dominantes y que usamos cada día sin mayor juicio de que lo que sale de nuestra boca se generó en una estructura que desconocemos o que no alcanzamos a percibir. Esas estructuras atraviesan las paredes de la vida individual y en la comunicación diseminan una forma de explicación que aceptamos o no. El aceptado supuesto tiene que ver con el refrendamiento de tal noción por la elite estabilizadora que lo pone en el tapete. En un estado crítico los sentidos circulan como posiciones y contraposiciones. En sociedades altamente hegemónicas, los discursos son chorreados con exacta tecnología desde los sitios de generación de ideas y modelos de entendimiento.
A partir de esta construcción de sentido, el lenguaje se vuelve un instrumento de manipulación, otro artefacto cultural más que viene a corroborar el poder y sus centros de generación. Si analizamos el modelo en que la comunicación entrelaza y divide las posturas vivenciales de las comunidades, encontramos una concepción dialógica que se da desde una contraposición ontológica: lo que reifica las individualidades es lo mismo que las hace homogéneas e indistinguibles, para su mejor control desde la sociedad centrada en la producción, el anonimato y el fetichismo del objeto transable.
Lenguaje y poder
Estas posturas críticas frente al uso del lenguaje aparecen como explicaciones de cómo los discursos de poder se identifican con el devenir social. Separar las instancias de los discursos con la época y tiempo en que se producen es una tarea difícil. Asimismo, separar el uso impuesto del uso voluntario presenta muchas aristas. Primero deberemos asumir un posible concepto conspirativo que diluye el análisis del objeto y luego se corre el riesgo de quedarse en una casuística que no permita ver el patterning de ciertas conductas lingüísticas que conforman un modo de ver la vida en comunidad.
Desde el lenguaje, parece interesante hacer una revisión centrada en el diálogo y la polifonía, una multivocal construcción de conceptos sociales, individuales y colectivos. Así como el sujeto se considera constructor de lecturas diversas, la construcción del sujeto social puede ser mirada desde esta perspectiva polifónica. La instrumentalidad de las voces que forman esta polifonía es la que debería ocuparnos, para generar un instrumento de explicación y aclaración del fenómeno frente a una construcción de comunidad nacional y mundial que frecuentemente obedece a la intención totalizadora de una reducida elite de poder económico, intelectual y administrativo.
Considero importante incluir en los análisis sociales y políticos este elemento de lenguaje, para poner el tema de cómo acordamos vivir en esta sociedad, ya sea desde lo supuestamente individual y desde lo colectivo. Mucho de lo que podemos hacer en conjunto tiene que ver con un acuerdo dialógico y multivocal entre las individualidades en sociedad y democracia: el debate se dará entre los ejercicios hegemónicos y las heterogeneidades constitutivas del discurso comunitario.
El plan consiste en explicar cómo la presencia de los discursos representa agentes en la comunidad que podemos asociar con centros de influencia, con centros de generación de ideas evidentes y ocultas que se difunden, en la superficie y en el fondo, y que van rearmando las concepciones circulantes. Algunos hablan del discurso de una época, del Zeitgeist, pero conceptos de este estilo engloban y no facilitan la visualización de los mecanismos de construcción conceptual, necesarios para una perspectiva crítica del discurso en una comunidad.
Tomar conciencia del lenguaje en discurso que influye sobre la dirección de una sociedad no es un proyecto nuevo. Lo que pienso debe hacerse es incluirlo en la construcción de argumentaciones reivindicativas y críticas de generación popular. Asociamos esta pedagogía ideológica con la ausencia de posturas críticas que campean cuando la constitución militar aun no permite expresiones democráticas de disenso frente a la inequidad mantenida hoy por el estado y su juego partidario aceptable.
Homogeneidad y heterogeneidad
El discurso homogeneizador de lo globalizante se expande sobre el planeta, ocultando con sus construcciones las hendijas donde no encontramos identificación con lo mundial. Desde estos lugares no decididos de las comunidades, excepciones sustentadas por la inequidad y el abandono clientelista, los individuos no se perciben como partícipes, sino más bien como artefactos, construcciones técnicas, que persiguen el mismo objetivo que se asignaba a la generación anterior.
No es desconocido que los desposeídos y los instrumentalizados solo tienen espacio de discurso cuando se enfrentan al estado y a la comunidad de poder. Frente al estado postmoderno hipervigilante, este discurso entonces aparece como crítico y generador de discusiones, pero lleva en si mismo el no dicho de que también surge desde un modo de hacer demostración en el concierto aceptado de las relaciones entre poder y sujeción . La represión multiforme, desde la violencia policial hasta el ostracismo en las organizaciones, se genera dentro de los espacios de poder administrativo que a la vez pretenden promover sociedad civil. No es infrecuente el caso donde desde las hendijas del discurso popular una distinción sea acaparada por el aparato administrativo y se convierta exactamente en su contrario. La deriva de los términos "pueblo" y "popular", hacia los neutralizados "gente", "de la gente" son casos de tensiones por revisar.
Lo que queda de manifiesto es el trauma post-dictatorial que se manifiesta en esta cuidadosa selección de supuestas neutralidades discursivas para hacer la comunicación del estado hacia sus sujetos. El problema es que mientras se continúa con este ejercicio tímido en el lenguaje social, se desvirtúa un conjunto de opciones en el lenguaje que podrían promover una mirada más constructora de critica, análisis, participación, consensos; es decir, la supresión, desviación, obsolescencia y confusión en el lenguaje representa situaciones sociales y conceptuales donde es urgente el replanteo de ciertas bases de ciudadanía y administración democrática.
Los casos
Los discursos hegemónicos que hacen circular las ideas generadas por las elites funcionales (clases intelectuales de toda factura) se presentan desde una cohesión y coherencia con los contextos que los sostienen. Así, la multivocalidad o heterogeneidad que ellos contienen en virtud de las formaciones que sobrepasan su momento de generación desde la historia (intertextualidad, intersubjetividad, intersocializacion de ideas, etc.) aparece como suprimida o inexistente y normalmente no se hará discusión de las fuentes múltiples de su generación. Un análisis crítico que reconozca esta heterogeneidad debería crear una perspectiva de amplitud social entendida como generadora de los modos de decir en democracia. Un caso se encuentra entre el discurso de lo popular, lo generado supuestamente desde las clases populares, y el discurso de la elite administrativa. Cuando el directorio del partido interviene en la administración del movimiento popular, inmediatamente comienza las operaciones de representación del poder, y lo que originalmente se presentaba como una opción de perspectiva, se convierte en una instancia pre-existente, sintagma, que debería seguir el paradigma con que la organización instituida traza homogéneamente el producto de lo heterogéneo de los consensos sociales.
La idea no sería ahondar en la paradoja, sino más bien reservar el espacio crítico sobre la modalidad de poder que dirigiría el discurso homogeneizante hacia un reconocimiento de su generación multivocal. Todos conocemos en Chile la generación institucional de las mesas de diálogo. En términos comunicativos, esta apelación a un objeto como la mesa, fuente del calor y nutrición familiar, despierta representaciones positivas en el modo de comunicar. El problema ha sido que los resultados de las mesas de diálogo se convierte en dictado monológico y sus resultados finales solo corroboran las intenciones que algunos grupos de poder institucional ya habían decidido sobre las materias del diálogo. Vale recordar la lucha de los estudiantes por incluir una mayor cantidad de actores del estudiantado a la mesa del tema, o el "no diálogo" de la mesa entre militares y civiles por el tema de los crímenes de efectivos de las fuerzas armadas durante la dictadura. Allí no se daba el diñalogo, sino más bien el informe sobre algunos casos. Finalmente, la mesa naufragó en una serie de informes que continuaban el discurso de la guerra interna, la amnistía dictada y la inoperancia del aparato judicial. Las mesas familiares tienen una distribución de jerarquías, discursos y temas.
Otra distinción crítica de discurso se hace presente cuando la institución conviene en debatir políticamente. Bajo un formato de medios donde no hay espacio para la dialéctica constructiva, cada protagonista del debate plantea una serie de temas. No hay interlocución más allá de la selección de los turnos. Este no es un debate, sino más bien se parece a una presentación donde no existe interés en polemizar, sino solo de mostrar opiniones distintas sobre materias comunes. La construcción de objeto de análisis se ve así neutralizada y no hay posturas en pugna, es decir, no hay construcción de nuevos objetos a partir de los discursos establecidos de cada emisor.
Los anteriores son ejemplos comunes de este desplazamiento discursivo acrítico en esta sociedad atravesada de restricciones y desplazamientos forzados de sentidos. Lo importante es abrir la inclusión de análisis que no solo den cuenta de un estado de cosas, como es el análisis de contenido, sino que indaguen sobre el modo en que hemos generado estos hábitos discursivos y cómo podríamos direccionar este hábito hacia la construcción de una conciencia más democrática anclada en el diálogo conciente entre poder e individualidad.
Discurso de todos
El tema de la generación de una polifonía discursiva plantea una pauta de interrogantes. ¿Como damos voz a los que no la tienen? O más bien, ¿cómo incluimos en esas voces la capacidad de reflexionar sobre los modos de sujeción que ejercen los discursos dominantes a través de sus aparatos ideológicos? Un proyecto de esa naturaleza requiere la intervención de una formula multidisciplinaria que quiera comenzar a mirar desde los lugares en que se encuentran las bases sociales, no para dar testimonio, sino para focalizar el punto de entrada de esos discursos en el circular semántico y pragmático de las comunidades sujetas por el poder de las elites que funcionan desde el aparato reconocido por las instituciones. Si una reflexión se instaura en estos sitios de penetración hacia las comunidades-sujetos, es posible que se generen posturas menos indiferentes a la generación social.
La reflexión lingüística sobre la política generada por las distintas elites afincadas en los estatutos de la república y la hegemonía productiva probablemente no sirva nunca para promover liderazgos ni elecciones. Sin embargo, podría instaurar una reflexión activa de las comunidades que se ven permanente pasadas a llevar por el discurso institucional, por un lado, y por la intencionalidad económica de los grupos dominantes, por otro, ambos refrendados por un aparato académico y pedagógico preocupado de categorizar su acceso a los medios de autoreproducción y no a instalar cuestiones de amplio espectro reflexivo.
Es evidente el manejo de los medios de comunicación en esta creación de modalidades de poder. No es misterio que la concentración de los medios entre escasos grupos empresariales garantiza un manejo de la difusión de discursos interesados. Al nivel de la intencionalidad, apoyados en los supuestos intelectuales, morales y políticos de nuestra comunidad, el análisis de contenido deja en claro una tendencia a la permanencia de modelos totalitarios y conservadores, aunque parezcan como progresismos en un discurso moderno. El proyecto esclarecedor de una reflexión político-lingüística tendría que plantear la modalidad en que los distintos modos de producción de textos escritos y presentaciones orales —o sea, los modos conocidos de la función enunciativa adoptada por los locutores frente a la audiencia cautiva—se acogen como datos formativos y no como instancias de proposición ideológica.
Agentes privilegiados
Frecuentemente se asigna estos estudios a las elites universitarias o intelectuales, si es que esa denominación tuviera alguna aplicación en el discurso descriptivo específico de hoy. Por lo menos, se considera un tema de especialistas, enrarecidos en la atmósfera de la academia y que no tendría relación con el medio real de la política y formación de discursos democráticos. Esta refuerzo de la separación de los estamentos comunitarios es otra fuerza ideológica que mantiene y ha mantenido por épocas a los pensadores lejanos a la praxis, sostenida por la dicotomía entre esencia y materia, idea y praxis. Afortunadamente ha habido momentos cuando esta distancia se acortó y los trabajadores y los académicos se unieron en el mismo discurso crítico de las instituciones dominadas por el canon prescriptivo y establecieron nuevos derroteros para la cosa pensante en términos de aplicaciones concretas, tanto en lo administrativo como en lo educativo. La difusión de esos momentos ha quedado en manos de sus seguidores o víctimas —de todo hay—, pero no se ha hecho común o se le ha teñido de una pátina idealista y mistificadora. Nos parece estético recordar el mayo francés y remitirnos a una memoria idealizada de lucha política y social. No queremos ver allí el peso de una manifestación contracultural que hasta hoy se reifica en la deriva de los discursos especializados de la academia. Lo que no se difunde, por ejemplo, es que la unión de estudiantes universitarios y trabajadores ha sido frecuente cada vez que se roza la lucha por las reivindicaciones concretas y el deseo de cambiar las relaciones opresoras que desequilibran una sociedad.
¿Es la formación una salida?
Esto no se opone a la crítica que desde hace décadas se hace de las instituciones universitarias que, para sistematizar la trasmisión de conocimientos, debe detener el flujo y tomar esa perspectiva que muchas veces atrasa el análisis en virtud de una supuesta objetividad que el tiempo asigna a la historia y su discurso. Actualmente nadie aceptaría que la distancia temporal aporta un valor de objetivo o racionalidad analítica al hecho histórico y el discurso de esa época se convierte en una instancia para el análisis de los lugares ideológicos desde donde se genera el discurso que describe o formula tal hecho. El discurso contrapuesto en la historia de la dictadura en Chile se encuentra con su interpelación desde la discursividad de los testimonios.
Los discurso inexistentes
Estos discursos se han ido tiñendo de características de pequeño discurso, testimonio personales, ya asignados con esa subjetividad culposa que no podría decir verdad, no podría hablar de un lugar que se ha visitado en soledad contradictoriamente, y no como síntoma de un dolor social en Chile. Esta supuesta tiniebla subjetiva sirve para eliminar los discursos reivindicativos en términos de nación y gobierno, de indicación prescriptiva que ponga, por ejemplo, el imperio de los Derechos Humanos como fuerza directriz de la generación política en el estado chileno.
De ese modo, el desplazamiento hacia los pequeños lugares discursivos en la mirada de los medios y de las reivindicaciones plantea una severa falencia que surge de este modo oblicuo de decir nuestra subjetividad en la Historia. Acá coopera toda una estructura de modos de decir e informar que van desintegrando la fuerza del discurso de un centro de disidencia y reafirma, en la supuesta heterogeneidad, su pérdida de fuerza como referencia en las comunidades. Si lo vemos como la lucha por el sentido, como lo promulgaba el circulo bajtiniano, tenemos exactamente que esta lucha se minimiza y simplifica al darle a estos momentos de tensión el aspecto de pequeñas historias de la vida de la gente y no como casos paradigmáticos dentro del tejido discursivo constructor de consensos.
¿Como rescatar esos pequeños discurso supuestos y llevarlos a la información y formación de consensos democráticos y creación de instancias criticas frente a la hegemonía comunicacional de unos pocos grupos asentados en lo económico y elitario? La solución pedagógica que campea sobre todas las formaciones intelectuales en Chile es un tema mayor cuando asistimos a la desintegración conceptual de sus objetivos: desde una formación responsable desde el estado, pasa a manos de agentes que pueden incluso asociar su propio discurso intelectual con la prescripción de la ganancia económica.
No es raro sugerir la creación de movimientos sociales, pero el problema se manifiesta en la formación misma de los componentes de tales movimientos: si bien reconocemos la creación de movimiento desde la necesidad frente a la injusticia y el abuso, es supuestamente menos político poner en evidencia un aspecto ideológico, analítico y lingüístico como herramienta de formación de democracia. Finalmente, la representatividad se basa en entregar el discurso comunitario a los representantes: estos evidentemente han renunciado a ser los transmisores de tal discurso y se ha rebelado a su propio compromiso. Es así como luchan por ingresar en el discurso formativo del poder y no responden a sus representados.
La crisis de la representatividad en política no es nueva. Lo que es importante es ver como dentro de los agentes representantes se desintegra el discurso comandado, como en ese locus subjetivo del representante se produce la lucha por el sentido y como frecuentemente gana el sentido de la hegemonía ideológica. Una manera de presentar este tema sería estudiar cómo derivan los discursos de los representantes a medida que van ingresando más adentro del aparato administrativo.
Como cierre, baste una invitación a reflexionar mirando estas modalidades de entender el disurso en la sociedad y guiar esa reflexión a una reconstitución de una apuesta crítica que realce la representatividad genuina y la participación, a pesar de la generación de dictados disuadores.
miércoles 27 de febrero de 2008
¿QUIÉN HINCHA MÁS?
En una semana del segundo semestre de 2007, una histórica marcha recorrió las calles de Santiago, Chile, para poner en relieve la alta cifra de casos de femicidio que azota al país. La violencia tapada hoy se destapa en los tribunales y las mujeres aparecen como victimas de una cultura del golpe, la descalificación, la falta de oportunidades y del asesinato. No es un extraño que viene y mata desde la penumbra: se trata de hombres que han mantenido vidas afectivas con esas mujeres, y que han recurrido al asesinato para sellar el desafortunado círculo de esos relaciones violentas o mal fundadas.
La marcha recorrió las calles del centro de la ciudad conmovida. Enfiló hacia la conocida Plaza Baquedano, lugar donde late el corazón de las voces populares que allí ha celebrado y se ha dolido por variadas causas.
Justo sobre la Plaza, en un edificio prominente, una fabrica de cerveza ha erigido un aviso gigantesco que es como un recordatorio de lo que el lenguaje sexista puede hacer en la conciencia de los habitantes de la urbe: HINCHA MENOS QUE TU MINA, se puede leer en ese aviso colorido y popular. El no dicho es que mejor elegimos una cerveza y no lidiamos con la “mina hinchadora” con quien compartimos el mundo. Aquí la mina ya no es el oro afectivo y social que uno busca por toda la vida, sino una molestia de la cual todos querrían deshacerse.
Y probablemente el dicho siga su discurso sexista en la botillería, en el supermercado y en cualquier parte donde la publicidad no regulada apela a algo más que la sed de cerveza.
Esta publicidad, que a nadie parece molestarle, es una de los modos en que lo comercial y lo publicitario profitan de nuestros dados culturales. La mirada al aviso provocará una jocosa sensación en el público... y quizás hasta alabemos su poderosa imaginación: pero lo que oculta el chiste es que partimos del supuesto derogatorio de una mujer que “siempre está hinchando”, siempre aumentándonos la presión estomacal y llegará el momento en que no podamos resistir la hinchazón. ¿Qué viene después?: ¿Producir el aligeramiento violento de la presión, y violentamente perpetuar el maltrato, la descalificación, el abandono y femicidio? ¿Corroborar la manida “guerra de los sexos” con que llenan rating algunos programas comunicacionales?
martes 29 de enero de 2008
GENERO Y DISCURSO
ANALISIS CRITICO DE DISCURSO Y DISCURSO DE GENERO
Ponencia presentada al IV Congreso de Estudios Interdisciplinarios de Género en la Universidades Chilenas, Universidad de La Serena, Octubre de 1997.
Los siguientes comentarios se atienen a la teoría del Análisis de Discurso propia del postestructuralismo. Este debate ha estado presente los últimos treinta años en las ciencias sociales y ha abierto para la lingüística una posibilidad de considerar elementos sicológicos y sociales en la formación de los enunciados de nuestra cultura occidental.
Partiendo de una noción antropológica de estructura, este análisis plantea una visión crítica de la generación de los enunciados e tanto interpelación que distintos aparatos ideológicos ejercen sobre el sujeto. En este punto, considera una visión sicoanalítica lacaniana para asociar las funciones enunciativas de este sujeto que es hablado desde las superestructuras que lo regulan en el mundo social occidental. Al ejercer su función enunciativa, el sujeto vehicula los sentidos que permean su cultura y generalmente recicla supuestos y explicaciones generadas desde los lugares de poder social y que están siendo constantemente dirigidos a través de articulaciones ideológicas que permanecen presentes pero confundidas en la producción lingüística de los sujetos en sus marcos sociales y económicos.
El Análisis Crítico de Discurso se centra en conceptos tales como el lugar de la enunciación. lo no dicho que subyace a lo dicho, la interpelación ideológica del sujeto, la heterogeneidad constitutiva de los discursos en sus distintas manifestaciones, así como la homogeneidad mostrada presente en ellos. En los estudios y prácticas teóricas que tienen que ver con una perspectiva de género, el AD puede representar un ejercicio que pone de relieve la generación de enunciados dentro de categorizaciones supuestamente estables de nociones de formación de roles, educación en lo masculino y femenino, igualdad sexual, etc.
La noción de lugar aparece en cada lectura de textos que provienen de las distintas superestructuras que generan los medios con que se realiza la educación en nuestras comunidades. Existe una vasta área donde el trabajo e investigación en los discursos con perspectiva e género pueden darse, especialmente para ver la clase de interdependencia que se produce entre los enunciados que estabilizan el devenir social y político del país y los avances que se espera hacia una vida nacional más equitativa y solidaria.
El fundamento para estas investigaciones tienen que ver con el tema central de la noción de estructura postestructuralista ligada a la teoría de las estructura en el lenguaje. Si consideramos que el sujeto vehicula los enunciados es el dueño de su yo, lo que ya ha sido puesto en la crítica sicoanalítica lacaniana, será fácil esperar que por el mero ejercicio de la concientización de este sujeto dejarían de aflorar las prácticas discursivas sexistas y segregadoras. Lo que muestra el AD es que esta noción de un sujeto independiente del lenguaje solo se aviene con prácticas cientifistas y teóricas que son generadas en estructuras culturales de fuerte arraigo conservador donde la desigualdad patente de los individuos se afianza en prácticas sicológicas de adaptación al medio. El sujeto, así como el lenguaje, según el AD, es una entidad eternamente dividida entre la langue y la parole, es decir, entre un inconsciente formado en la logicidad de la estructura del lenguaje y una presencia racionalista de su estar en el lenguaje. El AD, a través del análisis de los enunciados que el sujeto emite en un supuesto dominio de su decir, muestra como cada uno de nosotros somos los vehiculadores de nociones activadas en el discurso y de las que no tenemos un dominio absolutamente consciente y egótico.
La permanencia de nociones de género y roles sexuales es un enunciado siempre presente en la historia discursiva de nuestra cultura. Frente a lo dicho de estos enunciados, es decir, los mensajes sexistas patentes en todos los medios de transmisión de lenguaje, está una vasta y poco explorada área de no dichos que sitúan la generación de estos enunciados en centros bien definidos de nuestra comunidad.
Una investigación necesaria también se plantea para estos no dichos del discurso de la educación, donde a poco revisar encontraremos grandes contradicciones incluso en textos y materiales que apoyan una educación no sexista con perspectiva de género. La sola presencia de un ideario progresista moderno para la formación de individuos, bases de nuestras acostumbradas reformas educacionales, contiene un no dicho racionalista que entra en disonancia con la perspectiva de género, donde se espera que iniciemos un camino de nuevas explicaciones para una nueva vida de comunidad donde se hace presente la temática del nivel de desigualdad de oportunidades y poder para hombres y mujeres. La generación misma de nuestra sociedad está refrendada por discursos de desigualdad incuestionable y estos enunciados subsisten intocados en el discursos de muchas de nuestras instituciones.
Es en este tema donde se puede utilizar las nociones de heterogeneidad y homogeneidad del discurso. El AD considera que, al igual que la intertextualidad en el área del estudio del logos, los enunciados se presentan como una organicidad homogénea donde el sujeto conscientemente puede dar forma a su querer decir. Normalmente asumimos que el discurso pertenece a quien lo emite y representa una estructura individual, desde un yo autónomo. El Ad demuestra que esta homogeneidad mostrada es la superficie expuesta de heterogeneidad constitutiva, que tal o cual enunciado es por naturaleza social una materialización de innumerables influencias, plagios, readaptaciones y reformulaciones de un discurso cultural, generado desde lugares que no siempre comienzan con el sujeto emisor. Y otra vez aparece aquí la noción de estructura, donde el concepto de individuo racional, en pleno control de los aspectos inconscientes de su personalidad es solo una explicación cultural y separadora de los ámbitos no controlados, no racionales del ser donde se inscribe casi la mayoría de los ejes problematizadores de los estudios con perspectiva de género.
Estoy consciente que el abordar esta práctica crítica desde lugares institucionales de generación intelectual puede presentar aristas en nuestro querer hacer institución dentro de un marco de consenso democrático modernista. Lo no dicho aquí es, a mi parecer, la ausencia patente del otro epistemológico, la presente ausencia de un modo de vivir que considere los aspectos que nos faltan en esta experiencia de mundo occidental. Quizás por eso sea qe la vida intelectual del país ha abrazado con tanto fervor la supuesta muerte de los discursos ideológicos. Para el AD este anunció de fallecimiento lleva el no dicho de que el es hecho desde lugares ideológicos que precisa hacer desaparecer toda opción que atente contra la inequidad constitutiva del vivir occidental. En los discurso del obituario ideológico está claramente presente la ideología que ha sobrevivido. El discurso con perspectiva de género ha emprendido un periplo que necesariamente habrá de tocar en todos estos puertos ideológicos, sicoanalíticos y estructurales, revelando y trayendo a escena nuevos modos de hacer convivencia, ciencia, estilo de vida, política, amor , deseos de mundos en formación. Lo que puede contribuir esta temática necesaria es una mirada crítica sobre lo que decimos y lo que no decimos cuando pensamos que es nuestra voz la que manifestaría una construcción del ego, afianzada en modos de hacer conocimiento que el discurso de género mismo viene a poner en duda. Esa duda se reclama como un derecho legítimo de los que formamos esta comunidad a revisar las bases y conceptos de nuestra epistemología racionalista y de ejercicio de poderes, no desde el lugar de la destrucción sino desde la mirada constructiva: deconstruir para mirar lo que estamos siendo, no destruir las bases de nuestra experiencia. Todo análisis, y también el AD , es un producto de nuestra misma historia y modos de conocer.
DICHOS Y NO DICHOS
NUNCA MAS
¿Prescripción definitiva del atropello de los DDHH?
Frase común durante los procesos de democratización luego de las dictaduras latinoamericanas en los 80. Los juicios exhibían este enunciado como un cierre no exento de culpabilidad de sus conclusiones. Lo realizado en las cortes era para que Nunca Más se repitieran estos atropellos a la a vida humana bajo el pretexto de las luchas por extirpar las otras voces enfrentadas a los sistemas políticos que fueron a dar a las manos de los golpistas de variada índole, anclados en la fuerza militar para defender los privilegios de una sola voz autolegitimada como defensores de las democracias constitucionales.
Sin embargo, quiero mirar la aparición de tal enunciado en vista de las repetidas ocasiones donde este Nunca Más ha sido condicionado a la voluntad de una defensa de los mismos privilegios. Lo que aparece es que, más que ser una declaración contundente, el Nunca Más puede verse desde una afirmación condicionada a las voluntades de los grupos que tantas veces lo han violado en defensa de sus intereses. De ellos son testimonios las innumerables guerras fratricidas que han azotado regularmente a nuestro continente causadas siempre por el clamor social en contra o a favor de los privilegios de quienes sustentan el poder económico refrendado por el poder político, legislativo y judicial, y servidos por el poder militar.
El Nunca Más aparece entonces como condicionalidad, más que como una negación imperativa, en tanto:
- Declaración de principios éticos en la administración del Estado.
- Advertencia en contra de acciones extremas de reivindación por vías de golpe
- Petición de actuaciones éticas en el plano del poder
- Demanda ética para los agentes políticos e ideológicos de la democracia
Lo que aparece ausente es una práctica del Nunca Más que pudiera informar en los miembros de las comunidades nacionales la construcción de una consciencia y modo de conducta que deslegitime un todo vale cuando se trate de proteger sus intereses por vías de la confrontación ideológica.
El Nunca Más debería también ser práctica entre las instituciones de defensa y seguridad que entren a deliberar sobre lo estatal, cuando se les llame a proteger los intereses de una clase protegida por la institucionalidad. Sin embargo, aquí el Nunca Más está en contrasentido a esta didáctica de la defensa, la seguridad a toda costa, la agresión y la disuación. Se ha visto que el Nunca Más no funciona entre las comunidades armadas. Basta probarlo en el hecho de que los militares golpistas se han acuartelado cuando se ha querido aplicar Justicia a sus delitos en DDHH.
Tampoco es posible un Nunca Más si algunas naciones dominantes en el mundo pueden dar un golpe bélico sin atender al consenso de las naciones organizadas en el interés del mundo en paz.
Entonces, por otro lado, más que asegurar una imposibilidad de ocurrencias futuras, las condicionalidades que nos plantea la utilización de este Nunca Más, revivido en los últimos discursos progresistas en vista del último informe sobre violaciones a los DDHH en el Chile de la dictadura, se perfilarían como un posible aparato de control social, para que:
- No surjan acciones reivindicativas, apropiadoras de los derechos sociales ante el neoliberalismo totalizante
- No se rearme la crítica popular, de la “gente”, con acciones concretas por los derechos a la subsistencia, precarios hoy también
- No se pase por alto una institucionalidad gubernamental y económica para intentar recuperar una orgánica de la equidad
Es decir, es patente que el enunciado se ha quedado a la espera de la resolución de otro problema, que es el de definir en qué medida los sistemas neodemocráticos de este continente funcionan desde la demanda de sus representados o desde los dictados de una minoría económica de la cual dependería la administración del bienestar aparente de las comunidades nacionales.
Sin embargo, en un sentido didáctico, nos queda entonces vislumbrar que Nunca Más es una prescripción solo a largo plazo que requiere de todos una práctica orientada a ver los fundamentos y seguimientos de la cuestión DDHH y su fragilidad en el escenario internacional.
Este enunciado de Nunca Más girará en la órbita de una pregunta más que de un objetivo concreto por alcanzar. Además, se presenta hoy en Chile en la nebulosa que comparte con otras frases que han campeado en el discurso democrático post-dictatorial, tales como transición, democracia neoliberal, mercado, ciudadanía, administración, gobierno, representatividad., participación. Mas es claro que, para Chile, señala un Nunca Más Escuela Santa María de Iquique, ni Lo Cañas, ni Seguro Obrero, ni Til-Til, ni Villa Grimaldi ni ninguno de los puntos en todo el mapa de Chile dolorosamente reificado en la tortura organizada a partir de 1973 y en muchas otras ocasiones cuando se ha visto amenazado el sistema de privilegios e intereses de los agentes del poder factico. Este Nunca Más chileno es un constante cuestionamiento entretejido a la historia democrática oficial del país.
Así, podemos decir que un Nunca Más en lo práctico requiere de Justicia, o sea, de las lecciones sobre el valor per se que la vida de cada miembro de nuestra comunidad nacional tiene, y no por un determinado accionar en lo social. También debemos aprender que su atropello no se soluciona con compensaciones ni perdones abstractos, sino con aplicación de Derecho en lo punible.
Nunca Más requiere de una formación que es imperioso lograr en los sistemas jerárquicos de la defensa y la seguridad.
Nunca Más requiere de una constitución modificada según esos principios y no de aquella que ha sido hecha a la medida de un grupo de poder.
Nunca Más requiere de un sistema de formación ciudadana participativa entre los miembros de la comunidad nacional que desarme la lógica de la represión institucional en contra de los que reclaman por su derecho a vivir con ideas diferentes al concierto que se decanta sin ruidos dentro de la institución.
Nunca Más requiere que los agentes de la representatividad del pueblo sean genuinos ―o sea, democráticos, por redundancia― y que no teman enfrentarse con sus derechos ante los hacedores del destino económico de las naciones y que hoy están en alza.
Nunca Más requiere de la visibilidad acotada de los distintos componentes de la variedad democrática, política, ideológica y identitaria, especialmente de los que hoy son rapidamente asimilados como marginales sin voz parlamentaria.
Muchos enunciados del Nunca Más seguirán dándose en época de actos de constrición por los dolores vividos, pero siento que hay que esperar aún que una ideología del respeto básico por la vida del “Otro” se afiance entre todos los miembros, entre ellos, algunos más privilegiados, del sistema representativo que hoy experimentamos.
Es decir, para que funcione el Nunca Más, debe afianzarse un verdadero sentido de lo democrático.